El arte como ejercicio de libertad
Con motivo de la polémica desatada a raiz del concierto que la pianista catalana Mireia Vendrell celebró en el Club Diario Levante el pasado mes de abril y de la crítica publicada por quien suscribe este comentario en el diario Levante-EMV y en este blog (http://www.joseluisgaliana.com/2008/04/21/un-concierto-muy-particular/), me veo en la necesidad de apuntar algunas reflexiones. He moderado la entrada de comentarios como acostumbro a hacer, pero algunos no han visto la luz debido al tono desconsiderado, hiriente, maleducado y absolutamente alejado del debate de las ideas, de la ética y de la estética, y otros han sido publicados con el objetivo de iniciar una polémica, pero el nivel no ha superado el suelo de la banalidad, de la ocurrencia y la chabacanería.
Es una lástima que la polémica y el debate sobre el arte entre el amplio colectivo de creadores, intérpretes y público no trascienda de la anécdota, del chiste fácil y, en ocasiones, de la falta de respeto. ¿Dónde está la inteligencia, la discusión teórica y el debate estético?
Es una verdadera lástima la pobreza de contenidos en la conversación (por llamarlo de alguna manera) cotidiana. Siempre me han desanimado los argumentos simples y cortos del «no me gusta o me gusta» o el arrogante «entiendo de arte», pero los prefiero al exabrupto «esto es una mierda». ¿Tan difícil es hilar un argumentario, reflexionar, dialogar o discutir sobre aquello que nos ha emocionado, conmovido, crispado, desagradado o simplemente nos ha dejado impasibles?
El principal objetivo del arte es ejercer la libertad. No sólo por parte de los artistas que muestran su manera de entender la belleza o de expresar lo inaprensible sino por parte del público como garante de una comunicación. El arte, y en este caso la creación musical y sonora, por tratarse de una actividad realizada en vivo y en tiempo real, necesita de una interacción entre creador y público. De ahí que se necesite un doble ejercicio de libertad y respeto hacia lo que está ocurriendo. Contra el arte sonoro sólo cabe el libre ejercicio de la escucha y, a posteriori, el sanísimo ejercicio de la crítica y de la reflexión estética.
Lamento si por mi interés en polemizar se me ha colado algún comentario que no debería haber visto la luz.


